El paso del patrullero oceánico británico HMS Medway por aguas bajo jurisdicción argentina, sin que mediara comunicación previa de las autoridades del Reino Unido, volvió a poner en discusión el cumplimiento de los mecanismos de confianza militar acordados entre ambos países tras la guerra de Malvinas. Según confirmaron fuentes oficiales, la Armada Argentina detectó el desplazamiento de la embarcación entre el jueves y el viernes, cuando navegaba desde las Islas Malvinas hacia el Estrecho de Magallanes, atravesando aguas de jurisdicción nacional a la altura de Santa Cruz y Tierra del Fuego sin aviso previo por parte de las autoridades militares británicas.
El episodio fue trasladado a la Cancillería argentina, donde se evaluaba presentar un reclamo por canales diplomáticos reservados, dado que el movimiento del buque incumplió los procedimientos previstos en el Acuerdo Madrid II de 1990, firmado para prevenir incidentes militares entre ambos países. Ese pacto incluye un mecanismo específico —el Sistema Transitorio de Información y Consulta Recíprocas— que obliga a notificar con anticipación los desplazamientos de unidades militares en el Atlántico Sudoccidental, algo que en este caso no ocurrió ni por parte del comandante de las Fuerzas Británicas en Malvinas ni de la comandante del patrullero.
El tránsito del buque fue registrado por sensores electrónicos desplegados en el litoral austral y por una aeronave de vigilancia de la Armada, en un operativo coordinado por el Área Naval Austral. Un dato que no pasó desapercibido entre los especialistas es que buena parte de esa capacidad de detección proviene de la cooperación militar con Estados Unidos, principal aliado de Londres, lo que añade un matiz particular al episodio en momentos en que el Gobierno argentino profundiza su acercamiento estratégico con Washington y busca, a la vez, mantener una relación cordial con el Reino Unido.
Tras cruzar el extremo austral, el HMS Medway recaló en Punta Arenas, Chile, donde permanecería hasta el 8 de julio en tareas de reabastecimiento. La escala reactualiza el debate sobre el papel de los puertos chilenos dentro del esquema logístico que sostiene la presencia militar británica en la región, un esquema que durante la década pasada había encontrado mayor resistencia por parte de los países sudamericanos —como ocurrió en 2022, cuando Chile impidió el ingreso de un buque gemelo al de esta misión— pero que en los últimos años perdió uniformidad.
Para el Gobierno argentino, el hecho plantea un dilema: una protesta diplomática firme podría tensionar el vínculo bilateral que busca sostener con Londres, mientras que la ausencia de reclamo podría leerse como una aceptación tácita del incumplimiento de un mecanismo que, durante más de tres décadas, funcionó como uno de los pocos canales de diálogo militar entre ambos países. El episodio, más allá de su dimensión protocolar, vuelve a poner sobre la mesa la asimetría de capacidades navales entre ambos países en el Atlántico Sur, un escenario donde el Reino Unido mantiene una infraestructura regional de apoyo logístico mientras Argentina continúa con capacidades navales limitadas.